Un equipo internacional de científicos, liderados por el Dr Ehab Abouheif del Departamento de Biología de la Universidad McGill de Montreal, Canadá, observó los genomas de dos especies de hormigas que producen ‘superguerreras’.
Los investigadores han identificado la genética detrás de esa casta de supersoldados y fueron capaces de activar los genes mediante el tratamiento de sus larvas con methoprene, una hormona de crecimiento.
Posteriormente trataron de la misma manera a las larvas de una especie (Morrision Pheidole) que normalmente no produce supersoldados. Las larvas tratadas crecieron hasta convertirse en hormigas cuya cabeza y mandíbula son semejante a las supersoldado. Un efecto similar se produjo en dos especies más que son conocidas por no producirlas.
Dr. Abouheif, y sus colegas, en su artículo publicado en la revista Science, escribió que "las larvas de las hormigas generalmente se convierten en soldados o trabajadores en función del nivel de la "hormona juvenil"; si los niveles son altos las hormigas se convierten en soldados, si son bajas, ellas terminan siendo las obreras más pequeñas. Sin embargo en las ‘superquerreras’ de especies que las producen, existe un umbral muy alto de la hormona juvenil, mediante la cual las larvas se convierten en supersoldados. El methopreno es una hormona del crecimiento que fue utilizada en los experimentos la cual imita los efectos de la hormona juvenil.
Los resultados de los experimentos sugieren que incluso aquellas especies que no producen supersoldados hoy en día, han sido capaces de hacerlo en el pasado lejano, entre 35 y 60 millones de años, ellas mantienen la información genética que puede ser reactivada en ambientes contralados y con nutrición adecuada.
Para Dr Abouheif y sus colegas, este trabajo de “desbloqueo” de las características ancestrales de un insecto podría encontrar aplicación en campos como la agricultura, donde podría utilizarse para criar cultivos con mayor valor nutricional.



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