¿Salvará al Mar de Aral un tinte azul?

Índigo. El término puede parecer exótico, pero nuestra vida cotidiana está inmersa en el índigo. Tal vez en este mismo instante Ud. lleve uno. Para mucho de nosotros, nuestro primer encuentro con el índigo sucedió hace mucho tiempo, el día que compramos nuestro primer blue jeans. El índigo es el tinte natural más antiguo del mundo. Hace 4 000 años, las hojas de la Indigofera tinctoria ya servían para teñir de azul los tejidos. Hoy, los métodos naturales de producción del tinte índigo cedieron el puesto a los procedimientos químicos en todas partes excepto en la India del sudeste.

Esta modelo exhibe en la feria internacional de tintes naturales, en los Estados Unidos en 2005, un conjunto del diseñador mundialmente conocido, Oscar de la Renta. La falda está teñido con el índigo natural ouzbek.

Sin embargo, si el proyecto de la UNESCO en Uzbekistán se realiza como está previsto, el índigo natural pronto podría ser producido en una de las regiones del mundo más devastada en el plano ecológico, la cuenca del Mar de Aral.

Hace poco, la idea de hacer crecer la Indigofera tinctoria en esta cuenca hubiera hecho reír. Pues finalmente ¿por qué escoger una región cuyo clima ha devenido tan hostil, no sólo para los vegetales como el índigo sino también para los seres humanos? El riego intensivo y la desecación de las tierras para el cultivo durante 40 años transformaron lo que fue el cuarto lago del mundo por su dimensión, en un desierto salado y tóxico, donde no crece casi nada. La poca agua dulce que queda está contaminada por los fertilizantes y pesticidas utilizados para el cultivo del algodón, así como por los desechos industriales y domesticos.

Estas imágenes satélites del Mar de Aral fueron tomadas en 2009 (a la izquierda) y en 2006 (a la derecha) por la Agencia Espacial Europea. Ellas muestran la alarmante velocidad a la que este mar retrocede . Si bien la parte norte del mar podrá preservarse gracias a un dique financiado por el Banco Mundial, el resto, sin embargo, desaparecerá en este decenio.

Se podría decir sin exagerar que la situación del agua ha devenido crítica en Uzbekistán. Las imágenes de satélites más recientes de la Agencia Espacial Europea muestran que la parte uzbeka del Mar Aral se redujo un 80% en apenas tres años (ver imágenes). «A este ritmo, de aquí al 2020 toda la parte sur de este mar estará completamente desecada», señala ScienceDaily.com, el 12 de julio 2009. El mismo informe indicaba que los trabajos en curso tratan de introducir en la zona arbustos y árboles resistentes a la sal a fin de evitar un desierto de polvo catastrófico para el medio ambiente. «Cada año, violentas tempestades de arena levantan por lo menos 150 000 toneladas de sal y de arena (de la cuenca) del Mar de Aral y las transportan a centenares de kilómetros de distancia», continúa la revista «provocando serios problemas sanitarios para las poblaciones, además ocasionando que los inviernos sean más fríos y los veranos más calurosos».

Una excelente idea loca

En toda la historia del índigo, no existe ninguna prueba de que éste haya sido cultivado en Asia central (ver recuadro página siguiente ). O más bien, no antes de que el equipo de la Oficina de la UNESCO en Tashkent lanzara en 2005 el proyecto Uzíndigo. La economía de las provincias de Karakalpakstan y de Khorezm se basa en la agricultura. La vida de los granjeros depende del cultivo del algodón a pesar de que este cultivo gran consumidor de agua está obviamente mal adaptado al ecosistema de la región. Por tanto, los agricultores necesitaban una fuente complementaria de ingresos que no agrave aún más los problemas ecológicos de su región. La I. tinctoria parece cumplir con los requisitos. Según el equipo, al mismo tiempo que daría un segundo aire a la economía, el cultivo del índigo enmendaría los suelos impregnados de sal, ya que es un vegetal lleno de cualidades. Una vez extraído el tinte de la planta, sus hojas, su tallo hueco (su rastrojo) y sus raíces pueden servir de «fertilizante verde» rico en nitrógeno, para los huertos, los viñedos y los jardines. Lamentablemente, los secretos del cultivo y de la extracción del índigo casi se han perdido, salvo un puñado de maestros de esta especialidad en la India, China y Japón. Serán necesarios considerables trabajos de investigación antes de que el índigo pueda crecer en Asia central.

Adaptar el índigo a suelos salados y poco fértiles

El equipo de Uzíndigo comenzó por analizar los diversos medios de hacer crecer I. tinctoria en los suelos salinos de la cuenca del Mar Aral. Bajo la dirección del Prof. Abdukodir Ergashev, Consejero Científico de la Oficina de la UNESCO en Tashkent, un grupo de científicos se dio a la tarea de estudiar los métodos de cultivo del índigo y de la extracción de la sustancia tintórea de la planta. Los mismos estaban apoyados por un proyecto de la UNESCO que involucraba a la Universidad de Bonn, en Alemania, y a la Universidad Pública de Urgench en Uzbekistán. Financiado por Alemania, este proyecto conjuga la investigación científica y las técnicas de gestión, teniendo como resultado una política agrícola racional y coherente que permite a la región una mejor gestión de sus tierras y de sus recursos hídricos. El proyecto introdujo, por ejemplo, la nivelación de los campos con láser, con el objetivo de reducir el arrastre y facilitar la penetración del agua de lluvia en el suelo.

El equipo del Prof. Ergashev concibió numerosos experimentos para determinar cómo el índigo reaccionaría en los suelos salinos que tienen un pobre rendimiento agrícola. En 2006, estos experimentos fueron realizados en la granja experimental de la Universidad del Estado de Urgench. El índigo fue sembrado después de la recogida del trigo de invierno. Estasi nvestigaciones desembocaron en la creación de una nueva variedad de índigo, el Feruz-1, especialmente adaptado a las condiciones locales. Es capaz de crecer en suelos muy salados gracias a la presencia, en sus raíces, de bacterias altamente especializadas.

En el 2008, se efectuaron nuevas experiencias en colaboración con una asociación de agricultores del distrito de Bagat, para verificar los efectos de diferentes dosificaciones de fertilizantes en el crecimiento de las plantas de índigo. Aunque la planta fija el nitrógeno del sol, se descubrió que ésta crecerá mucho más si se le agrega fertilizantes minerales. Es éste un punto importante, ya que uno de los objetivos del proyecto es de elevar al máximo el rendimiento por hectárea.

Comercializar el índigo: teñir o extinguirse

Desde el inicio se decidió orientarse a los mercados locales e internacionales para vender este tinte. El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo contribuyó a identificar los mercados fiables en Europa. A pesar de su poca fertilidad, cada hectárea de los campos de las provincias de Karakalpakstan y de Khorezm puede producir hasta 35 toneladas de I. tinctoria. Se puede extraer más de 100 Kg, de pasta de tinte. En el mercado europeo, el Kg, cuesta entre 80 y 240 e. Por consiguiente es un incentivo económico muy apreciable.

El mercado local no es menos prometedor. Al sumar al del algodón algunas producciones comerciales como los tintes naturales, las plantas medicinales, las legumbres y las frutas, los labradores podrán abastecer no sólo a la población local sino también a los hoteles y a los restaurantes. Además, el proyecto podrá promover las tecnologías ahorradoras de agua, de la que se beneficiarán tanto la agricultura como los sectores domésticos e industriales.

Este proyecto aporta por consiguiente, la solución de algunos problemas agudo que se suscitan en el plano social, económico y ecológico en la devastada cuenca del Mar de Aral. La ejecución del proyecto se aceleró notablemente el año pasado, gracias a una asignación de 55 000 dólares provenientes del Programa de las Pequeñas Subvenciones del PNUD, del Banco Mundial, y del PNUMA. Ello permitió a la UNESCO organizar talleres de formación para los agricultores sobre la forma de cultivar el índigo en las difíciles condiciones locales.

El primer taller se efectuó en la provincia de Urgench, región del Khorezm del Uzbekistán, los días 26 y 27 de mayo del pasado año. Si bien el taller que reunió más de 30 participantes estaba fundamentalmente orientado para los agricultores, llamó igualmente la atención de los maestros y de los científicos deseosos de aprender la biotecnología de los tintes naturales y los medios para mejorar la ecología de los suelos. La Oficina de la UNESCO en Tashkent aprovechó la ocasión para suministrar a los agricultores las semillas de Feruz-1, a fin de que experimenten en condiciones reales en sus propios campos.

El principal obstáculo para la generalización del cultivo de la I. tinctoria es la escasez de semillas en Uzbekistán. Una de las soluciones sería crear en el país la primera granja especializada en la producción de estas semillas, luego de iniciar a los campesinos uzbecos en esta tecnología. El equipo de la UNESCO es optimista. «Mientras que en otros tiempos parecía casi imposible hacer crecer I. tinctoria en Uzbekistán, hoy se abre un camino», se entusiasma el Prof. Ergashev. «Gracias a la introducción del cultivo del índigo, las tierras empobrecidas van en algunos años a recuperar la fertilidad. Nos sentimos felices de haber resuelto este difícil problema científico».

Resumen histórico del tinte rey

El índigo fue llamado «tinte rey». Su nombre viene de la palabra latina indicum y del griego indikos, que significa «indio». El latín y el griego eran lenguas indoeuropeas, por lo que no es sorprendente que el origen del índigo pueda ser atribuido a la zona tropical del Asia. Aún hoy, los Indios piensan que este tinte tiene el color de Krishna, un dios indio. Sin embargo, ellos no son los únicos en asociar el índigo a una divinidad: los turcos asimilan este color a su dios Tangri.

El índigo fue igualmente cultivado desde tiempos remotos por los Tuareg del Sahel y las poblaciones nómadas del África Occidental. Incluso la túnica mortuoria del faraón egipcio Tutankamón (1341–1323 A.C.) estaba teñida con índigo.

La Indigofera tinctoria fue introducida en Europa por mercaderes árabes en el siglo VIII D.C. Temiendo la competencia, los tintoreros europeos se unieron contra ellos. En esa época, ellos usaban un tinte azul oscuro extraído de una planta llamada Hierba de San Felipe (Isatis tinctoria), fuente bien conocida de índigo natural utilizada durante milenios en Europa y en el Medio Oriente para teñir los tejidos. A pesar de las protestas de los tintoreros locales, el tinte rey no tarda en encontrar su ubicación en Europa.

Después de un tiempo de inactividad, el índigo vuelve a estar de moda en Europa a finales del siglo XVIII. Fue necesario sin embargo, esperar a que el químico alemán Adolf Bayer descifrara en 1882 la estructura del índigo y lograse producirla de forma artificial, como premio a 15 años de investigaciones.

Desde hace 20 años, el tinte índigo natural es muy buscado por las industrias textiles y de la alfarería, a causa de su inocuidad para la salud.

Alexandr Osipov*

Nuestra gratitud al Prof. Abdukodir Ergashev, creador del proyecto índigo, por haber aportado para la redacción de este artículo numerosos documentos e ilustraciones.

Sobre el estado del Mar de Aral ver también la entrevista al Prof. Seversky, jefe del laboratorio de glaciología en el Instituto de Geografía de Kazajstán, en Un Mundo de Ciencia de abril 2007.

*Consejero Científico en la Oficina de la UNESCO en Tashkent: a.osipov@unesco.org

Tomado del Boletín Un Mundo de Ciencia, UNESCO, enero-marzo 2010.

Dom 14 Mar 2010
 

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