Trastorno de Déficit de Atención y riesgo de abuso de drogas

El trastorno de déficit de atención/hiperctvidad (TDAH) es un trastorno neuroconductual común de la infancia y cerca de 8% de los niños lo sufren. Los pacientes con este trastorno presentan déficit de atención, hiperactividad e impulsividad, los cuales provocan un deterioro funcional considerable.

Un estudio realizado por investigadores estadounidenses informó que los niños que padecen el TDAH son propensos a abusar de alcohol, tabaco y otras sustancias ilícitas en comparación con los niños y adolescentes que no lo padecen. El riesgo es estos pacientes es casi el doble, los cuales suelen estar asociados también a problemas depresión.

El tipo de tratamiento que reciben estos pacientes suele ser un elemento que contribuye al riesgo. Si se los trata con medicación y terapia conductual es posible que se reduzcan sus efectos, sin embargo, cuando se les trata con medicamentos estimulantes el riesgo de abuso o mal uso de estas sustancias se incrementa notablemente.

Es por esta razón que los investigadores advierten que los fármacos que se usan para tratarlos presentan un potencial de abuso, aunque, señalan, que la gran mayoría de niños no llegan a tener un problema de abuso de sustancias. Indican además que las personas requieren el tratamiento deben ser evaluadas cuidadosamente, analizarse el riesgo/beneficio individual con respecto a la seguridad de la prescripción de un medicamento estimulante.

El estudio que ha sido publicado en la revista Pediatrics de la Academia Americana de Pediatría, concluye que se necesitan más investigaciones para averiguar la razón por la cual algunos niños son más son más susceptibles que otros. Se sospecha de la misma biología del trastorno, pero no se descarta que los factores sociales como las dificultades en la escuela, la ansiedad u otro, puedan contribuir también al incremento del riesgo.

Es posible que la misma biología que provoca el TDAH también ponga a algunos niños en un riesgo más alto de abusar de sustancias. Otros factores sociales podrían contribuir también al aumento del riesgo; por ejemplo, algunos de estos niños suelen tener mayores dificultades en la escuela y experimentar ansiedad por este motivo.