Concurso de popularización de la ciencia, la tecnología y la innovación: ¿La plata llega sola?

Los resultados del mencionado concurso han sido anunciados con lo cual se cierra un año bueno en opciones de promoción y financiamiento de la CTI en el Perú. Sólo esperamos que en este 2015 se mejoren los criterios para la selección de los proyectos, iniciativas o programas.

En este concurso también presentamos uno (Ciencias.pe) pero obviamente no convencimos al jurado. Al respecto queremos hacer algunas acotaciones.

Nosotros ya habíamos notado en las bases del concurso un tufillo anticuado, pegado a lo analógico y al reino del mimeógrafo, bastante lejos de la era digital, los smarphones, los apps y a un entorno hiperconectado. Sin embargo, nos animamos a presentar un proyecto pensando de que, al menos, nos quedaríamos satisfechos de haberlo intentado.

En los resultados, nos hubiese gustado encontrar iniciativas privadas que ya están encaminadas o trabajando en el tema de la divulgación científica. Hay varias iniciativas que ya tienen varios años trabajando, están posicionadas y en pleno desarrollo. Creo que hubiese sido una gran oportunidad para apoyarlos en la mejora de lo que ya tienen implementado o están ejecutando. Sobre todo por el monto comprometido y el tiempo que duraría el apoyo. El financiamiento duraría 6 meses; en este tiempo, en una institución pública, no haces funcionar ni una cafetera.

Por eso abogamos por iniciativas privadas puesto que garantizan continuidad y desarrollo en el tiempo luego de que se acabe el financiamiento. Esta garantía quitará la sensación de haber gastado el dinero en vano. Lamentablemente, casi todos los proyectos, dejan entrever que, al parecer, durará mientras haya financiamiento.

Notamos, además, que hay proyectos que demorarán, -siendo bastante optimistas con respecto a la burocracia de las instituciones involucradas y al tiempo necesario para implementar un proyecto serio-, entre dos o tres meses sólo en implementarse. Si bien ahora, desarrollar un sitio web es un poco más rápido, dotarlos de recursos, entrenar al equipo responsable y, más aún, si consideras el tiempo que se necesita para crearse una comunidad interesada, la cosa se complica. De manera que los 6 meses sólo servirá para decir, ¡Ya estamos listos para empezar!. O sea, cuando se está listo para empezar, se habrá acabado el financiamiento.

También, destacamos, que si bien la convocatoria ha sido para empresas, los criterios utilizados para la selección de los proyectos han sido para ONGs e instituciones públicas. Es decir, para instituciones que tienen el defecto de que, si se acaba el financiamiento, se esfuma el entusiasmo y se marchita la buena intención; se paraliza el proyecto. Estas instituciones no tienen como activos económicos la información, si no el desarrollo de proyectos. Luego de que terminan un proyecto, imprimen memorias, informes, y guardan afiches, trípticos como recuerdos y para justificar el gasto.

Sin embargo, las empresas que tienen como objetivo principal la generación de información, se preocupan por ella y se empeñan en mantenerla, promocionarla y desarrollarla. Ellas viven de la información y todo recurso que les ayude a generarlo será un activo económico, una oportunidad para seguir creciendo y, por tanto, para dar un mejor servicio y cumplir con su objetivo social primordial. Además, el trabajo de divulgación científica es una tarea permanente, acumulativa y, sobre todo, un constante ejercicio creativo de estrategias, adopción de nuevas técnicas o metodologías para seguir conquistando corazones y cerebros, sobre todo en países como el nuestro. Es una tarea que nace de una vocación bien encarnada, sin promesas de riquezas; de manera que se mantienen durante toda la vida del divulgador. Es por eso que son garantía de continuidad.

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Finalmente, señalamos que este tipo de situaciones no es extraño en el país, ya estamos acostumbrados a tirar el dinero y dejar el registro de costosas buenas intenciones.

Esperamos que en las próximas convocatorias, se mejoren los criterios de selección.